La mujer a su lado.
La vida que él creía que entendía.
Y de repente, nada se sentía seguro.
Los fragmentos de la memoria comenzaron a surgir: cosas que había ignorado, cosas que había aceptado sin lugar a dudas, cosas que había elegido no ver.
Hasta ahora.
Respiró lentamente.
Luego miró a la chica.
“…¿Por qué has venido aquí?” Me preguntó con suavidad.
Su voz había cambiado de nuevo.
Más suave.
Casi frágil.
La chica dio una sonrisa pequeña y honesta.
No triunfa.
No orgulloso.
Solo… sincero.
“Así que sabrías la verdad”, dijo.
Una pausa.
“Y así no estarías solo más”.
Algo dentro de Daniel se rompió en silencio.
No de una manera que nadie pudiera ver.
Pero suficiente.
Lo suficiente para cambiarlo todo.
Cerró los ojos por un momento, como si tratara de estabilizarse, como si el peso de los años se hubiera asentado repentinamente sobre sus hombros de una vez.
Cuando los abrió de nuevo, no quedó confusión.
Sólo claridad.
Se volvió hacia Victoria.
La miraba completamente.
Y en esa mirada, todo fue dicho.
La confianza.
Las preguntas.
La distancia.
Luego se volvió hacia la chica.
Y por primera vez esa noche…
Él sonrió.
ver continúa en la página siguiente