Cuando pensamos en mantener nuestros huesos fuertes, muchas veces lo primero que se nos viene a la mente es el calcio. Es lógico, ya que desde pequeños nos enseñan que tomar leche y consumir lácteos es la clave para tener un esqueleto resistente. Pero hay un detalle que a menudo se nos escapa: sin suficiente vitamina D, el cuerpo no puede absorber bien el calcio, y todo ese esfuerzo termina siendo en vano. Esta vitamina, muchas veces subestimada, es el verdadero aliado silencioso de nuestros huesos.
A diferencia de otros nutrientes, la vitamina D no solo la obtenemos de los alimentos, sino también de algo tan simple y natural como la luz del sol. Y es ahí donde empieza su magia: cuando los rayos solares tocan la piel, el cuerpo inicia un proceso químico que convierte esa energía en una forma activa de vitamina D. Pero, aunque parezca fácil, en realidad no todos reciben la cantidad necesaria.
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