social también influyen mucho en la reducción de la esperanza de vida después de los 80 años. La pérdida de seres queridos, la jubilación y la menor movilidad pueden provocar tristeza, depresión y deterioro cognitivo. Mantener relaciones sociales activas, hablar con familiares y participar en actividades comunitarias ayuda a fortalecer la salud mental, emocional y hasta cardiovascular.La mala alimentación y la desnutrición representan otra amenaza silenciosa. Muchas personas mayores pierden el apetito, tienen dificultades para cocinar o acceder a alimentos saludables, lo que provoca debilidad, fatiga y mayor riesgo de enfermedades. Una dieta equilibrada, rica en nutrientes y acompañada de una buena hidratación, es esencial para conservar la energía y proteger la salud.