En muchas culturas, el d3ath no se considera un final, sino una transición: un momento delicado en el que el alma se separa del cuerpo. Si bien el duelo a menudo nos impulsa a buscar una última caricia o un último beso, las tradiciones espirituales de todo el mundo nos advierten discretamente contra ello. Besar al d3ad, dicen, es más que un acto de amor; es un momento en el que dos mundos se rozan demasiado.
La energía persistente de la partida
Según los curanderos espirituales, cuando una persona muere, su cuerpo ya no pertenece por completo al mundo de los vivos. Aún conserva vestigios de energía, como emociones, recuerdos y vibraciones espirituales, que se encuentran en proceso de liberación. Esta transición, dicen, puede durar desde unas pocas horas hasta varios días, según las creencias de cada uno.
Se cree que tocar o besar al difunto durante este tiempo expone a los vivos a la energía de la partida: la fría quietud de un alma que se desprende de su cuerpo. Algunas tradiciones lo describen como un “residuo energético”, una pesadez que puede adherirse a quienes se acercan demasiado, provocando posteriormente sentimientos de tristeza, agotamiento o un malestar inexplicable.