Cuando llegué, la patrulla estaba detenida frente al edificio. Dos elementos hablaban con el portero. El portero, don Raúl, tenía la cara gris. Me vio bajar del coche y caminó hacia mí con las manos juntas.
«Señorita Mariana… yo no sabía. Su papá dijo que usted había autorizado.»
Le mostré la denuncia.
«Por eso avisé antes.»
Subimos juntos.
En el pasillo del piso doce, mi familia ya no sonreía.
Sofía tenía una caja abierta entre los brazos. Dentro estaban tres marcos de fotos: mi abuelo en mi graduación, mi abuelo conmigo frente al piano y una foto vieja de él jugando ajedrez conmigo cuando yo tenía nueve años.
Mi madre sostenía una carpeta de documentos.
Mi padre estaba hablando con uno de los policías.
ver continúa en la página siguiente