PARTE 2: El gerente apareció junto al mesero con una tableta en la mano y una expresión tan tranquila que hizo que la mesa entera se pusiera nerviosa.
—Buenas noches —dijo—. Necesitamos aclarar un detalle sobre el pago.
Don Roberto señaló a Mariana de inmediato.
—Ella se va a encargar.
El gerente no miró a Mariana.
Miró a Don Roberto.
—Señor Mendoza, la reservación fue hecha a su nombre, con su número telefónico y con una tarjeta registrada como garantía.
La sonrisa de Don Roberto se quebró.
—¿Perdón?
Doña Victoria dejó la copa sobre la mesa con mucho cuidado.
Alejandro se enderezó.
—Debe haber un error.
—No hay error —respondió el gerente—. La señorita Mariana Varela nos informó que ella no organizó esta cena, no hizo la reservación y no aceptó cubrir el consumo de los invitados. Según nuestra política, la persona que reserva como anfitrión es responsable de la cuenta, a menos que los demás comensales decidan dividirla voluntariamente.
El silencio cayó pesado.
Hermoso.
Aplastante.
Don Roberto volteó lentamente hacia su hija.
—Mariana.