Detente un momento y mira a tu alrededor en tu hogar. Lo más probable es que todavía conserves objetos que alguna vez pertenecieron a alguien que ya no está aquí: una prenda de vestir, un reloj, una taza favorita o incluso la cama donde pasaron sus últimos días.
Para muchas personas, esto despierta un temor silencioso:
«¿Y si tocar estas cosas es malo?»
«¿Y si dormir ahí es peligroso?»
Estas creencias se han transmitido durante años como si fueran hechos irrefutables. Pero, en realidad, gran parte de ello es simple superstición.
Existe otra forma de verlo: una perspectiva más serena, más compasiva y, en última instancia, liberadora.
El miedo en torno a las pertenencias de un ser querido
Muchos creen que los objetos pertenecientes a alguien que ha fallecido portan algún tipo de «energía» residual que podría afectar a los vivos.
Pero, en realidad, es mucho más sencillo:
Los objetos son solo objetos: tela, madera, metal.
No albergan almas.
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