¿Es correcto utilizar las pertenencias de una persona fallecida o dormir en su cama? La respuesta que muchos no esperan.

No transmiten nada nocivo.
No son peligrosos.

 

El verdadero problema no son los objetos en sí mismos, sino el miedo asociado a ellos.
Y ese miedo puede conducir a decisiones dolorosas: desechar pertenencias con un gran valor sentimental, evitar ciertas zonas de tu propia casa o vivir en un estado de inquietud constante.

Una historia que cambia la perspectiva

Una anciana perdió a su esposo, quien falleció apaciblemente en el sofá de su hogar.

Tras aquel día, ella cerró con llave la sala de estar y se negó a entrar en ella. Durante meses, durmió en la cocina, convencida de que aquel espacio estaba, de algún modo, «marcado».

Le habían dicho que regresar allí le traería algún mal.

Pero cuando finalmente reunió el valor para volver a entrar… no sucedió nada.
Solo había silencio.

Y recuerdos.

 

 

 

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