Finalmente aprendí a usar correctamente el cajón del detergente, y eso cambió por completo mi forma de lavar la ropa.

Primer paso: Una limpieza profunda
Limpiar el cajón del detergente resultó ser mucho más fácil de lo que esperaba, y la diferencia fue inmediata.

Esto fue lo que hice:

Retirar el cajón por completo. La mayoría de las lavadoras tienen una pequeña pestaña de liberación cerca del centro. Presionarla suavemente hacia abajo y deslizar el cajón hacia afuera.
Remojarlo en agua tibia. Llené el fregadero con agua tibia y jabón y dejé el cajón en remojo durante unos 15 minutos. Esto ablandó los residuos endurecidos que llevaban años allí.
Fregar cada rincón. Con un cepillo de dientes y un detergente suave, froté los bordes, los compartimentos y los pequeños canales por donde fluyen el detergente y el agua. Una mezcla de vinagre y agua funcionó a la perfección para las manchas más difíciles.
Limpiar el interior del compartimento. Antes de volver a colocar el cajón, limpié la zona dentro de la lavadora donde se encuentra. Este lugar también acumula suciedad y, a menudo, huele a humedad si se deja sin limpiar.

Sécalo completamente. Una vez limpio, lo dejé secar del todo antes de volver a colocarlo en su sitio.

Después, el cajón parecía nuevo y, por primera vez en meses, mi ropa olía a limpio y fresco.

Entendiendo los compartimentos
Si bien la limpieza ayudó, la verdadera revelación llegó cuando aprendí para qué servía cada compartimento.

La mayoría de los cajones de detergente tienen tres secciones separadas, cada una con su propio símbolo o etiqueta:

“I” — Compartimento de prelavado: Se usa para ropa muy sucia o ciclos largos que incluyen un prelavado.

“II” — Compartimento de lavado principal: Aquí se coloca el detergente líquido o en polvo. Se libera durante el lavado principal.

 

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