Tras casarse en 1954, decidió alejarse de los focos para dedicarse a su familia, aunque ocasionalmente participaba en pequeños papeles de actuación y publicidad, manteniendo así una conexión sutil pero significativa con la industria que tanto amaba.
Tras el fallecimiento de su marido en 1997, Daphne Selfe regresó con fuerza al mundo del modelaje, desafiando las expectativas al consolidar su carrera a los setenta años.
Su resiliencia y autenticidad le permitieron triunfar, atrayendo la atención de importantes eventos y agencias de moda, y convirtiéndose en un icono de gracia y confianza.
En la última etapa de su carrera, participó en la Semana de la Moda de Londres y colaboró con diseñadores de renombre, donde fue ampliamente admirada por su belleza natural y su elegancia innata.
La propia Selfe reflexionó sobre este periodo, comentando: «He tenido más éxito como modelo desde los 70 que en toda mi vida, cuando tenía 20», lo que subraya su singular trayectoria.
Un aspecto clave de su éxito como modelo fue su decisión de aceptar su edad y su belleza natural. Con orgullo, lució sus canas y enfatizó que su madurez la hacía destacar, demostrando que la confianza basada en la autenticidad puede resonar con mucha más fuerza que la conformidad con los estándares juveniles.
La presencia de Daphne en el mundo de la moda estuvo acompañada de una inspiradora filosofía de vida. En entrevistas, hablaba de disfrutar de los placeres sencillos, ya fuera brindando con champán en ocasiones especiales o recibiendo a amigos para tomar un café, reflejando una alegría profunda y un aprecio por la conexión que trascendía los logros profesionales.
También mantuvo un compromiso con la vida social, organizando reuniones y celebraciones que reflejaban su creencia en la comunidad y la unión.
Estas cualidades personales la hicieron querida no solo por sus fans y colegas, sino también por las generaciones más jóvenes que buscaban orientación e inspiración tanto en la vida como en su carrera.
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