Lo perdí todo la noche en que me traicionaron, pero el perdón me dio una vida que jamás imaginé.
Comenzó a recuperar la fuerza.
La energía la acompañó.
La esperanza volvió a entrar en la habitación.
Contra todo pronóstico, mejoró.
Nadie lo llamó un milagro. Nadie prometió resultados. Pero el progreso se hizo presente, silenciosa y constantemente, como suele suceder con la sanación.
Mi hijo nunca supo los detalles. Solo sabía que su mundo se sentía más ligero. Que la risa había regresado. Que algo bueno había vuelto a nuestras vidas.
Lo que el perdón me dio
No perdoné para arreglar el pasado.
Perdoné para liberar el futuro.
El perdón no borró lo que pasó aquella noche. No hizo que la traición fuera aceptable ni comprensible.
Pero me dio paz.
Me dio claridad.
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