Mi familia se fue de vacaciones a Cancún mientras yo enterraba a mi hijo de 12 años… y cuando regresaron, ya no tenían casa. Sin aviso. Sin regreso.
Por primera vez en meses me reí, pero no había alegría en mi risa.
—¿Familia? Mi familia estaba en el cementerio. Joaquín bajo la tierra. Mateo a su lado. Solana sosteniéndome para que no cayera. La maestra de mi hijo llorando por él. Ustedes estaban brindando frente al mar.
Mi papá habló bajito.
—Hija, cometimos un error, pero no tienes que destruirnos.
—No los estoy destruyendo. Solo dejé de mantenerlos.
Entonces mi mamá mostró el verdadero motivo de su visita.
—No puedes quitarnos la ayuda económica. Dependemos de eso.
—Tenían dinero para Cancún.
—Ese viaje ya estaba pagado.
—Y el ataúd de mi hijo también.
Nadie respondió.
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