«Me concedieron la tutela.
Celebramos su siguiente cumpleaños con un pastel de fresas, su elección.
Sencillo. Sincero. Suyo.
Ahora, mi casa está llena de nuevos recuerdos: fotos donde ella siempre es la protagonista, risas que perduran y una sensación de pertenencia que siempre debió haber tenido.
No podía cambiar el pasado.
Pero podía darle un futuro donde nunca tuviera que preguntarse si importaba.
Y finalmente… supo que sí importaba.