Pedimos una ensalada, pero había pequeñas motas negras en la comida; nos llevó directamente al hospital.

Fui a urgencias. No por una molestia inmediata, sino por precaución . Los médicos me tranquilizaron: pruebas, exámenes, tratamiento preventivo. Nada de qué preocuparse en ese momento. Pero la ansiedad no desaparece de repente. No es tanto el miedo a haber tragado algo sospechoso lo que me molesta, sino más bien la sensación de haber sido traicionado por lo que debería haber sido un momento de placer .

 

Por supuesto, denunciamos el incidente a las autoridades sanitarias. El restaurante, por su parte, intentó gestionar la situación con diplomacia, pero el daño ya estaba hecho. La simple palabra “ensalada” se convirtió en sinónimo de aprensión. ¿Y las semillas de chía ? Ahora están bajo vigilancia policial .

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