Ducharse es una de las partes más rutinarias de su día: es rápido, refrescante y, a menudo, relajante. Sin embargo, ciertos hábitos en los que apenas repara pueden ejercer, de manera silenciosa, una presión adicional sobre su corazón y sus vasos sanguíneos. Si bien la mayoría de las personas no experimentará problemas graves, comprender cómo responde su cuerpo a la temperatura del agua, la postura y el momento en que se ducha puede ayudarle a evitar un estrés innecesario en su sistema cardiovascular.
1. Agua demasiado caliente
Las duchas calientes pueden resultar reconfortantes, especialmente después de un día largo; no obstante, las temperaturas muy elevadas pueden provocar que sus vasos sanguíneos se dilaten rápidamente. Esta dilatación repentina puede reducir su presión arterial y obligar a su corazón a trabajar con mayor intensidad para mantener la circulación.
En algunas personas, esto puede derivar en mareos, aturdimiento o incluso desmayos. Si alguna vez se ha sentido débil o inestable mientras se duchaba, es posible que la causa sea la temperatura del agua. Procure utilizar agua tibia —nunca hirviendo— para mantener la estabilidad de su cuerpo.
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