En sus últimas horas en la UCI, una presencia constante la ayudó a mantenerse firme. La doctora Aris permaneció a su lado. Le tomó la mano a Elena y le dijo: «Aguanta. No dejes que el dolor gane».
Algunos días, Elena no podía levantarse de la cama. Otros días, se obligaba a salir solo para demostrar que aún podía.