Sin previo aviso

Rosa se adelantó y dijo: —Un informe de abuso contra una mujer embarazada.

Doña Leticia jadeó. —¡Eso es calumnia!

Pero la mujer que había estado con los dos hombres fue directamente a la cocina y se detuvo al ver a Mariana.

Manos rojas por el frío… un vientre abultado… ojos llenos de miedo.

Se acercó a ella con delicadeza: —¿Estás bien?

Mariana miró a su madre… solo por un instante… luego negó con la cabeza y las lágrimas corrieron por su rostro.

Eso fue suficiente.

El hombre con el expediente comenzó a tomar notas, mientras el otro dijo con firmeza: —Necesitamos que nos acompañes para interrogarte.

—¡No vas a ir a ninguna parte! —gritó Iván—. ¡Es mi esposa!

Pero su voz no era tan aterradora como lo había sido momentos antes.

Porque esta vez, Mariana… levantó la cabeza.

—Yo… quiero irme —dijo con voz quebrada… pero clara.

Se hizo el silencio.

Un silencio que la casa jamás había conocido.

Rosa dio un paso al frente, puso la mano sobre el hombro de su hija y dijo: —Ya basta, hija mía… se acabó.

Donia Leticia intentó hablar, pero las palabras no le salieron. Pero Iván… retrocedió un paso, como si viera algo que jamás hubiera esperado: una mujer que ya no tenía

miedo.

 

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