Una enfermera de cuidados paliativos comparte la reflexión que escucha una y otra vez en la etapa final de la vida.
Cuando la salud parece estable, es fácil pasarla por alto. Poder respirar con facilidad, caminar sin esfuerzo, dormir cómodamente o disfrutar de una comida sin molestias puede parecer algo común. Estas capacidades pasan desapercibidas en la vida diaria.
Solo cuando la salud mejora se hace evidente su verdadero valor.
Julie ha presenciado esta revelación innumerables veces. La gente expresa nostalgia por aquellos días en que sus cuerpos se sentían fuertes y fiables. Hablan de momentos que antes pasaban desapercibidos y que ahora comprenden como regalos.
Lecciones que Julie ha aplicado a su propia vida
Presenciar estas reflexiones ha transformado la forma en que Julie vive su vida.
Ha compartido que ahora es más consciente de reconocer aquello que antes daba por sentado. Los pequeños momentos tienen ahora un significado más profundo.
Al final de cada día, practica la gratitud de forma sencilla. No es algo complejo ni que requiera mucho tiempo. Anota las cosas cotidianas por las que está agradecida:
Poder caminar libremente.
Respirar sin esfuerzo.
Sentir la luz del sol en su piel.
Estos no son logros espectaculares, pero son fundamentales para el bienestar y la independencia diarios.
Al prestar atención a estos momentos con regularidad, Julie afirma mantenerse anclada en el presente en lugar de asumir que el mañana siempre será igual que hoy.
Hábitos que evita personalmente
A lo largo de sus años de experiencia, Julie también se ha vuelto más cautelosa con ciertos hábitos cotidianos.
Ha hablado abiertamente sobre las decisiones que evita porque ha visto cómo pueden afectar su bienestar a largo plazo.
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