Me contrataron para fingir que era la nieta de un veterano ciego y solitario todos los domingos. Yo pensé que solo era un trabajo… hasta que, después de su muerte, su abogado abrió una carpeta y dijo: “Él dejó una última instrucción sobre ti.”
Él apretó sus dedos. —Prométeme algo.
—Lo que quiera.
—Cuando yo no esté, no dejes que te convenzan de que el amor que diste fue falso solo porque empezó con una mentira.
Valeria no pudo responder. Tres días después, don Ernesto murió.
En el funeral, los familiares la miraron como intrusa. Ignacio incluso murmuró lo bastante fuerte para que ella escuchara: —A ver si ahora también cobra por llorar.
Valeria apretó los dientes y se sentó atrás.
Una semana después, recibió una llamada del licenciado Ramiro Salcedo. —Señorita Valeria Torres, necesito que se presente en mi oficina. Don Ernesto Aguilar dejó una instrucción final relacionada con usted.
Valeria sintió que el mundo se le iba de las manos. Cuando llegó, la sala estaba llena de familiares.
Ignacio sonrió con veneno. —Miren nada más. También invitaron a la nieta de renta.
Entonces el abogado abrió una carpeta gris y dijo: —Antes de morir, don Ernesto dejó una carta que debe leerse frente a todos.
Y lo primero que dijo esa carta hizo que nadie volviera a sonreír.